La Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas vive un momento histórico de reflexión y renovación. La actualización de nuestro Modelo Educativo Humanista Intercultural visión 2050 fortalece una visión con raíces profundas, que responde a los retos actuales y futuros con un profundo sentido humano y compromiso con la vida.

Reafirmamos nuestro compromiso con una formación de excelencia, pertinente e inclusiva, que responda a las transformaciones sociales, políticas y ambientales de nuestro tiempo.

La experiencia de la COVID-19 aceleró la adopción de entornos digitales y nuevas dinámicas de aprendizaje, planteando desafíos que nos impulsan a consolidar modelos más resilientes, colaborativos y solidarios.

La irrupción de la IA redefine el conocimiento y nos convoca a rediseñar nuestras pedagogías para potenciar la agencia cognitiva, el juicio ético y la creatividad de nuestras juventudes.

Asumimos una ecología de saberes que reconoce la pluralidad cultural de Chiapas y guía la gestión responsable de nuestra biodiversidad y el bienestar de nuestras comunidades.
Este modelo es un llamado a la acción colectiva para que la excelencia académica se una con nuestra inquebrantable vocación humanista y contribuya a un futuro más justo, solidario y pacífico para Chiapas.
Los ejes transversales del Modelo Educativo de la UNACH 2026 constituyen el núcleo de la vida académica, actuando como el sistema circulatorio que conecta la teoría con la práctica social. Estos principios no operan de forma aislada ni como contenidos periféricos o asignaturas adicionales; por el contrario, impregnan de manera sistemática y deliberada el diseño de los programas de estudio, la práctica docente cotidiana, la investigación con alta incidencia social y las actividades de extensión universitaria.
Su función primordial es dotar de una identidad clara, coherente y diferenciada al quehacer institucional, asegurando que la formación profesional de nuestros estudiantes sea integral, pertinente y éticamente sólida frente a los desafíos del siglo XXI. Al integrar estos ejes, la UNACH garantiza una educación que conecta la alta especialización técnica con una sensibilidad humana y territorial profunda, preparando a los egresados para ser líderes en un mundo globalizado pero con una raíz chiapaneca inalienable que les permita actuar con soberanía intelectual.

La UNACH adopta un enfoque de interculturalidad que trasciende el reconocimiento meramente decorativo o folclórico de la diversidad. Se propone una complementariedad armónica en los ámbitos de la formación profesional y la producción científica, partiendo de la premisa de que la excelencia académica en el mundo contemporáneo surge del encuentro respetuoso y proactivo entre diversos sistemas de conocimiento. En la práctica educativa, esto implica superar activamente las asimetrías históricas en la valoración del saber para construir una síntesis potente, funcional y equilibrada entre el método científico moderno y los conocimientos y saberes ancestrales de los pueblos de Chiapas y del contexto global.
Bajo este enfoque, el aula, los laboratorios y los espacios de investigación se transforman en ámbitos de reciprocidad y aprendizaje mutuo. Aquí, la experiencia vivida y la cosmovisión de los estudiantes de pueblos indígenas y de otras culturas no sólo son respetadas, sino que se valoran como activos epistemológicos complementarios y potenciadores que enriquecen el análisis de problemas complejos. Por ejemplo, en carreras relacionadas con la agronomía o el medio ambiente, la técnica genómica no se impone, sino que se complementa con los saberes ancestrales sobre ciclos biológicos, manejo de suelos y preservación de semillas nativas; en las ciencias de la salud, la clínica moderna dialoga con la comprensión holística del bienestar territorial y las prácticas de sanación comunitaria.
Este diálogo de saberes permite que la universidad genere innovaciones con una pertinencia cultural genuina, reconociendo la relacionalidad (Acosta, 2013) como la base de un desarrollo que respeta los vínculos profundos entre la comunidad, la naturaleza y el conocimiento académico. En las actividades de extensión y servicio social, el egresado de la UNACH actúa como un mediador intercultural capaz de traducir y aplicar la ciencia global en soluciones territoriales que respetan la identidad local, validando la trayectoria de vida de los sujetos comunitarios como una fuente legítima de aprendizaje y co-creación de bienestar social.
La transformación digital en la esfera académica de la UNACH no se limita a la digitalización de procesos o el uso de plataformas, sino que se orienta a potenciar las facultades intelectuales superiores mediante la adopción crítica de la Inteligencia Artificial (IA). Este eje posiciona a la tecnología exclusivamente como un Asistente Estratégico o copiloto cognitivo (Floridi, 2015), estableciendo una relación jerárquica donde el juicio humano, la ética, la curiosidad intelectual y la autoría intelectual del estudiante y el docente permanecen siempre en el centro del proceso de aprendizaje.
En la investigación y la docencia, se promueve una cultura de transparencia, integridad y responsabilidad. La IA se utiliza para acelerar procesos laboriosos de análisis de grandes volúmenes de datos, síntesis de información técnica y generación de prototipos o borradores iniciales; sin embargo, la toma de decisiones, el análisis crítico de sesgos, la contrastación de fuentes y la producción de sentido original permanecen bajo la soberanía absoluta de la Agencia Cognitiva humana. Este eje exige una alfabetización digital avanzada que no solo enseñe el manejo técnico de los algoritmos, sino que capacite al profesional para realizar una auditoría de procesos, identificando sesgos de diseño y asegurando la veracidad de los resultados.
Las implicaciones pedagógicas de este eje son profundas y transformadoras: se transita de una evaluación basada puramente en el resultado final a una evaluación de la trayectoria intelectual, el rastro de pensamiento y la capacidad de curaduría del estudiante. La meta es que el uso de la IA en la academia sea una herramienta de inclusión que democratice el acceso a información compleja y libere tiempo mental para procesos cognitivos de alto nivel, como la resolución de problemas inéditos y la síntesis creativa (Selwyn, 2014). El egresado de la UNACH debe ser un piloto experto de la técnica, capaz de dirigir la automatización hacia objetivos sociales y científicos con una claridad ética que garantice que la tecnología sea siempre un medio para la emancipación y nunca una causa de atrofia analítica.
La dimensión Social y Ambiental del modelo se operativiza mediante la internalización de la sustentabilidad en el currículo de todos los programas y en los proyectos de incidencia territorial de la institución. Chiapas, al albergar cerca del 30% de los recursos hídricos de México y una megadiversidad estratégica para el planeta, impone a la UNACH el compromiso académico ineludible de formar perfiles profesionales con la capacidad técnica necesaria para liderar soluciones de resiliencia climática y gestión regenerativa del territorio.
Este eje impulsa que los proyectos de investigación académica se centren en el aprovechamiento ético y circular de la biomasa, el desarrollo de energías renovables descentralizadas y el fortalecimiento de la soberanía alimentaria, transformando los entornos de aprendizaje en laboratorios vivos de experimentación. La sustentabilidad deja de ser un contenido teórico aislado para convertirse en una competencia transversal y una filosofía de acción profesional. El egresado integra en su formación la capacidad de prever impactos socio-ambientales a largo plazo y proponer alternativas de desarrollo que garanticen la viabilidad de los ecosistemas locales frente a la crisis climática global (Santos, 2010), entendiendo que no hay progreso económico sin salud ecológica.
En el ámbito de la extensión universitaria, este eje se traduce en una vinculación estrecha con las comunidades y sectores productivos para el diseño de planes de adaptación climática, recuperación de cuencas hídricas y fortalecimiento de la seguridad ambiental. La universidad asume la responsabilidad de que cada propuesta de intervención territorial sea ecológicamente sensible y socialmente responsable. De este modo, la excelencia académica se valida por su capacidad para proteger el capital natural de la región y asegurar que el avance técnico sea compatible con la preservación de la vida en todas sus formas, promoviendo una cultura de regeneración ambiental que trascienda la mera conservación.
Este eje sitúa el bienestar universitario no como un servicio complementario o periférico, sino como un prerrequisito indispensable y un fundamento para el aprendizaje de excelencia y la salud institucional. La UNACH se compromete a que el aula —sea en su modalidad física o virtual—se constituya como un espacio de seguridad, contención y recuperación de los vínculos sociales, reconociendo los desafíos socioemocionales profundos derivados de la era post-pandemia y la hiperconectividad. Se asume formalmente que no es posible alcanzar un aprendizaje profundo o una investigación de alto impacto sin un entorno que valide la integridad, la salud mental y la subjetividad equilibrada del estudiante.
La cultura de paz se fomenta de manera transversal en la interacción docente-estudiante y en todas las prácticas de campo, mediante el ejercicio cotidiano del Ic’el Ta Muk’ (trato digno) y el K’uxubinel (empatía activa). Estos principios ancestrales se traducen en competencias académicas modernas para la mediación de conflictos, la escucha activa, la comunicación asertiva y la colaboración solidaria. El objetivo institucional es eliminar proactivamente las barreras y asimetrías que históricamente han limitado el reconocimiento mutuo y la participación plena de todos los miembros de la comunidad académica, creando una atmósfera de respeto y valoración de la diversidad.
A través de este eje, la formación profesional en la UNACH incluye una alfabetización emocional sistémica que permite a los estudiantes construir entornos de colaboración basados en el respeto mutuo y la dignidad humana.
Este compromiso ético se proyecta hacia la sociedad mediante la extensión universitaria, entregando profesionales que no solo son expertos en sus áreas de conocimiento, sino agentes de cohesión social, líderes empáticos y promotores activos de la paz en sus respectivos territorios. El bienestar universitario es, en última instancia, el sustrato humano indispensable sobre el cual florece la responsabilidad social y la excelencia académica del modelo 2026.

Estos 4 ejes se articulan transversalmente con las 14 ramificaciones, configurando un sistema relacional no jerárquico. Mientras los ejes establecen horizontes epistémicos, éticos, tecnopolíticos y socioambientales, las ramificaciones constituyen los ámbitos de concreción donde dichos horizontes se materializan. Esta articulación evita la fragmentación del conocimiento y favorece una comprensión integral, situada y transformadora del proceso educativo.
La articulación de estas ramificaciones consolidan un horizonte común, claramente sustentado en los fundamentos del Modelo Educativo, que orienta de manera estratégica los procesos de formación, investigación y vinculación universitaria. Desde esta perspectiva se fortalece la pertinencia social de la UNACH, garantiza el impacto formativo e institucional y da sentido al proceso de mejora continua, contribuyendo al desarrollo integral del estudiantado y al cumplimiento de la responsabilidad social de la universidad.
Humanismo sitúa a la persona en comunidad al centro del proceso formativo. Desde esta perspectiva, la educación superior se orienta al desarrollo integral del ser humano, reconociendo su dignidad, su capacidad crítica y su responsabilidad frente a la sociedad.
Interculturalidad y ecología de saberes se integra para garantizar la pertinencia social de la formación universitaria en un territorio caracterizado por la diversidad cultural, lingüística y social, promoviendo el diálogo horizontal entre distintos sistemas de conocimiento, reconociendo la coexistencia de saberes académicos, comunitarios, locales y ancestrales.
Sostenibilidad articula las dimensiones ambiental, social, económica y cultural del desarrollo, orientando la formación universitaria hacia la responsabilidad territorial e intergeneracional.
Internacionalización se concibe como una estrategia para fortalecer la calidad educativa y la proyección institucional, promoviendo la cooperación académica y el diálogo intercultural con enfoque solidario.
Perspectiva de género garantiza condiciones de equidad, inclusión y respeto, fortaleciendo el bienestar de la comunidad universitaria y la justicia social.
Cultura digital e innovación educativa impulsa la innovación pedagógica, el desarrollo de competencias digitales y la mejora continua de los aprendizajes.
Formación para la ciudadanía en la vida institucional establece un proceso permanente que se construye a través de la participación, el diálogo, la escucha, la corresponsabilidad y la toma de decisiones de forma colectiva.
Inclusión educativa y social orienta las estrategias para la eliminación de barreras estructurales que limitan el acceso, permanencia, egreso y titulación del estudiantado.
Equidad, igualdad y diversidad orientan la construcción de entornos educativos basados en la igualdad sustantiva, el respeto a las diferencias y la justicia social, integrando criterios de equidad en los procesos académicos, administrativos y de evaluación institucional.
Pensamiento crítico orienta al análisis reflexivo de la realidad, la toma de decisiones fundamentadas y la construcción de conocimiento contextualizado, fortaleciendo la autonomía intelectual, la argumentación ética y la capacidad del estudiantado para comprender y transformar la realidad. Dentro de esta ramificación se impulsa la lectura como potenciadora del pensamiento crítico, analítico y argumentativo.
Educación para la paz promueve una cultura basada en el diálogo, la resolución pacífica de conflictos, la convivencia democrática y el respeto a los derechos humanos.
Salud integral y bienestar se reconoce como una condición indispensable para el aprendizaje y el desarrollo humano. Orienta acciones formativas y preventivas que atienden el bienestar físico, emocional, mental y social de la comunidad universitaria.
Emprendimiento, economía social y solidaria impulsan la formación de capacidades emprendedoras con sentido social, orientadas al desarrollo económico solidario y territorial, la innovación social y el fortalecimiento de iniciativas productivas colectivas.
Cultura institucional y gobernanza fortalecen la construcción de una cultura institucional basada en la transparencia, la participación, la corresponsabilidad y la rendición de cuentas, y orienta la gobernanza universitaria hacia procesos democráticos, inclusivos y orientados a la mejora continua y al impacto social.